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EL LOBO
(Enviada por: Pepe -28/03/2000- y dedicada a NOI)


Existía en Italia un pueblecito llamado Gubio y en un bosque cercano vivía un lobo muy feroz que en las noches salía de su madriguera y entraba al pueblo a devorar cuanto animal se le ponía enfrente, fuera un ratoncito, una gallina, un perro y algunos afirmaban que hasta humanos se comía el animalote.

Los residentes, cansados de tal amenaza, decidieron un día organizarse e ir en busca de la fiera para darle matarili. La multitud enfurecida pasó por un convento de monjes que se había establecido en el lugar y uno de ellos, al oir la conmoción salió a preguntar de qué se trataba. Al ser informado, pidió a la multitud que le dieran oportunidad de ir él con otro de sus compañeros monjes (el que escribió el relato original) a hablar con el lobo. La multitud, tomándolo como loco, decidió dejarlo ir, pues pensaban que al fin y al cabo nada iban a perder.

Así pues, salieron los dos monjes y se adentraron en el bosque. Después de no mucho tiempo, el lobo los olió y comenzó a acosarlos pensando... "hum... cena en casa...". Pero al verlo, el monje que estaba decidido a solucionar el problema se acercó a él y antes de que el lobo se le echara encima comenzó a regañarlo de tal forma que el animal solo metió la cola entre las patas, echó para atrás las orejas y se sentó como llorando mientras el monje le "leía la cartilla" reclamándole por qué hacía tanto daño a la comunidad.

El lobo, que parecía entender lo que el monje le decía, hizo un gesto como invitando a los monjes a seguirlo, lo cual hicieron hasta llegar a su guarida, donde pudieron ver a sus lobitos y hasta a la madre. Comprendieron los monjes que el lobo solo hacía lo que su instinto le indicaba: buscar alimento para los suyos.

Así las cosas, el monje hizo un trato con el lobo: le dijo que si él dejaba de asolar al pueblo, podría pasar al convento cada día a recoger suficiente comida para él y su familia. El lobo pareció aceptar el trato y los monjes fueron a dar la noticia a la chusma que esperaba encontrar sólo los restos de los emisarios.

Así sucedió. A partir de entonces y por mucho tiempo, el lobo dejó de comer lo que encontraba e iba "diarina y huevo" -diario- a recoger lo que los monjes le dejaban en la puerta, hasta que la gente comenzó también a darle de comer al lobo.

Este animal vivió muchos años. Se hizo la mascota del pueblo. Se hizo querer por todos y siempre se le veía en la calle, pero cuando éste veía a su amigo el monje, se alegraba de tal forma que todos sabían que por él, el lobo tenía un afecto muy especial.

El lobo murió de viejo. El monje también. Cuando joven su padre lo llamaba "El Francesito" -era un malinchista-. La gente lo llamaba "Il Poverello" y ahora el mundo lo conoce como San Francisco de Asis. Es el único hombre a quien la Iglesia tuvo qué esperar a que muriera para hacerlo Santo. Es el segundo de mis Hippies favoritos.

Noi me recuerda a ese lobo.

 



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